Lo acepto, cuando te gusta alguien unos polvitos mágicos se despiden de ti, amaneces sumamente embriagada de una substancia adictiva que no sé, es algo extraño ...que se siente muy bien.
Es bonito no lo niego e irse enamorando también, pero ahora, que estoy de fuera, veo muchas cosas un poco más frías y objetivas y en eso amanecí pensando.
¿Qué pasa con ese loco enamoramiento que nos hace perdernos a nosotros mismos? ¿Es bueno? ¿Es malo? ¿Por qué un amor que nace nos inspira hasta el infinito? No lo sé… lo que si sé es que ese polvito mágico tan alentador muchas veces nos hace volvernos adictos y cambiamos todo nuestro ser por obtenerlo ¿Realmente vale la pena perder el equilibrio por un polvo mágico?
Últimamente en la posición en la que estoy donde no consumo de esa “droga” me dedico a observar, amigas me invitan a un café para contarme cómo obtuvieron el polvo y cómo lo siguen obteniendo yendo al lugar donde va él o cosas de ese tipo. Yo escucho pero mi termómetro de coraje sube un poco con cada plática al escuchar todo o que está dispuesta – una mujer en este caso – por canjear un poco de la atención del galán en cuestión.
Se me sube el coraje a la cabeza porque tal vez me siento proyectada y yo enamorada también lo hago y al ver a alguien que quiero frente a mí, infectada de esa enfermedad, y me atrevo a llamarlo así porque se atrofian los sentidos, siento coraje.
¿Por qué es que cuando nos gusta alguien quemamos todas las salidas de emergencia? ¿Por qué cuando nos gusta alguien quitamos al sol y ponemos a él en el centro de nuestro sistema, antes solar? ¿Porqué canjeamos todas las canicas por algo que a penas estamos empezando a conocer?
No niego que ese sentimiento de estar parcialmente enamorada es algo tierno, inmenso, inexplicable, te hace reír sola en el coche, vestirte guapa todos los días por si lo ves y esas cosas… pero ¿En qué momento se vuelve una adicción que nos afecta?
Ninguna de las amigas con las que platiqué salió ilesa, contaban su situación como si hubieran tenido un accidente, cuentan las cosas que pasaron y dónde les duele.
En un mundo donde arriesgamos todo por amor ¿Qué tan sano es reservarnos un poco de ese mucho que tenemos? ¿Por qué en los asuntos del amor no tenemos paciencia y dejamos que todo fluya?
Creo, según mi teoría no es en todos los casos y es una teoría mía, que las personas que cambian todas sus canicas inmediatamente por aquel nuevo sentimiento es porque no son tan felices y les llegó una oportunidad mágica y come on! Todos estamos en busca de la felicidad.
Y creo, según mi teoría, que si sintiéramos por la vida lo que sentimos por el niño que nos gusta tal vez esos polvos mágicos serían la cereza del pastel pero no el pastel entero.
Listo ya lo dije, amanecí escribiendo esto en respuesta de muchos inbox que me han mandado y alguna que otra plática por el camino… recuérdenme este escrito cuando me enamore y me ponga como bobita y me vaya como gorda en tobogán… ¡Recuérdenmelo!
¿Tú cómo amaneciste?
Es bonito no lo niego e irse enamorando también, pero ahora, que estoy de fuera, veo muchas cosas un poco más frías y objetivas y en eso amanecí pensando.
¿Qué pasa con ese loco enamoramiento que nos hace perdernos a nosotros mismos? ¿Es bueno? ¿Es malo? ¿Por qué un amor que nace nos inspira hasta el infinito? No lo sé… lo que si sé es que ese polvito mágico tan alentador muchas veces nos hace volvernos adictos y cambiamos todo nuestro ser por obtenerlo ¿Realmente vale la pena perder el equilibrio por un polvo mágico?
Últimamente en la posición en la que estoy donde no consumo de esa “droga” me dedico a observar, amigas me invitan a un café para contarme cómo obtuvieron el polvo y cómo lo siguen obteniendo yendo al lugar donde va él o cosas de ese tipo. Yo escucho pero mi termómetro de coraje sube un poco con cada plática al escuchar todo o que está dispuesta – una mujer en este caso – por canjear un poco de la atención del galán en cuestión.
Se me sube el coraje a la cabeza porque tal vez me siento proyectada y yo enamorada también lo hago y al ver a alguien que quiero frente a mí, infectada de esa enfermedad, y me atrevo a llamarlo así porque se atrofian los sentidos, siento coraje.
¿Por qué es que cuando nos gusta alguien quemamos todas las salidas de emergencia? ¿Por qué cuando nos gusta alguien quitamos al sol y ponemos a él en el centro de nuestro sistema, antes solar? ¿Porqué canjeamos todas las canicas por algo que a penas estamos empezando a conocer?
No niego que ese sentimiento de estar parcialmente enamorada es algo tierno, inmenso, inexplicable, te hace reír sola en el coche, vestirte guapa todos los días por si lo ves y esas cosas… pero ¿En qué momento se vuelve una adicción que nos afecta?
Ninguna de las amigas con las que platiqué salió ilesa, contaban su situación como si hubieran tenido un accidente, cuentan las cosas que pasaron y dónde les duele.
En un mundo donde arriesgamos todo por amor ¿Qué tan sano es reservarnos un poco de ese mucho que tenemos? ¿Por qué en los asuntos del amor no tenemos paciencia y dejamos que todo fluya?
Creo, según mi teoría no es en todos los casos y es una teoría mía, que las personas que cambian todas sus canicas inmediatamente por aquel nuevo sentimiento es porque no son tan felices y les llegó una oportunidad mágica y come on! Todos estamos en busca de la felicidad.
Y creo, según mi teoría, que si sintiéramos por la vida lo que sentimos por el niño que nos gusta tal vez esos polvos mágicos serían la cereza del pastel pero no el pastel entero.
Listo ya lo dije, amanecí escribiendo esto en respuesta de muchos inbox que me han mandado y alguna que otra plática por el camino… recuérdenme este escrito cuando me enamore y me ponga como bobita y me vaya como gorda en tobogán… ¡Recuérdenmelo!
¿Tú cómo amaneciste?
Lucia la de Flor
No hay comentarios:
Publicar un comentario